martes, abril 25, 2006

Carta del Caballero Errante



Reina mía, señora mía, al fin he escuchado la fuente
que llena mis sueños, y cuando ya las fuerzas de este
caballero andante parecian desfallecer en el campo de
batalla recibo vuestra frescura, inyectandome la lujuria
del amor eterno.

Es más, he viajado siglos en busca de la paz y la ternura
y solo he encontrado guerras, mi corazón gitano estaba
predestinado a serviros y a amaros con la fidelidad que
ni la muerte sería capaz de quebrar este juramento.

Señora mía, dueña de mi, mis pasos van por las tierras
de Andalucía y el saber la cercanía de mi ama me hace
sentir tu olor entre los olivos. Poesia tan hermosa aflora
de tus labios para alimento de este caminante de las estrellas.

Reina mía, debo seguir la marcha, gracias, muchas gracias,
por vuestras palabras y recuerda cuando fuimos uno en
aquel rio en las vecindades del Castillo de Almodovar.
Estuve ahí y recorrí cada sitio donde estuvimos hace siete
siglos. Adiós, siempre te amaré….

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